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¿Os acordáis de una escena de la película 'Matrix' donde Trinity tiene que coger un helicóptero, le cargan un software de pilotaje en 2 segundos y, hala, a volar? El sueño de todos los vagos del universo hecho realidad. Me estuve riendo una semana cuando la ví porque, aunque pudieran adquirirse los conocimientos teorico-técnicos así, ¿qué pasa con las capacidades físicas necesarias para ejecutarlos? No basta con saber dónde están los botones para pilotar un helicóptero, amigos, también se requiere destreza, precisión, reflejos, buena vista... Y no tener vértigo.
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El fundador de BAILAFACIL y autor de este artículo, faux, dando una clase. Copyright © www.bailafacil.es.

Al menos en la película se podía justificar un poco el disparate, ya que estaban en un mundo virtual. El problema es que hoy día mucha gente quiere hacer algo parecido en la realidad y con todo. Acostumbrados por los smartphones a tener acceso instantáneo a cualquier tipo de información, mercancía o entretenimiento, nuestra acelerada sociedad parece pretender que todo funcione de la misma manera. ¿Que quiero comida? Tac-tac, marchando un menú a domicilio. ¿Sexo? ¿De qué tipo, amo? ¿Páginas porno, prostíbulos, aplicaciones de ligoteo? Tac-tac, hala, a meter. O que te metan. ¿No recuerdas algo, tu talla de calzoncillos, por ejemplo? Ningún problema, pones en Google 'calzoncillos para gilipollas' y allí está tu número.

Y no contentos con esto, los modernos y adelantados de turno, siempre dispuestos a comandar la manada aunque sea directamente hacia un barranco, se han apresurado a aplicar la misma receta a cosas que simplemente no pueden conseguirse rápido, como aprender algo complejo.

¿Os habéis dado cuenta de la enorme cantidad de sistemas de aprendizaje 'intensito' que se anuncian por ahí? Aprenda inglés en un fin de semana (y olvídelo en menos tiempo todavía), programas de ejercicio de solo 10 minutos diarios para ponerte en forma a toda hostia (siempre que no te des una haciéndolos), clases magistrales (o master class, que suena más superferolítico), conferencias TED (Te la Estoy metiendo Doblada), audiolibros para aprender mientras se duerme (si realmente funcionase, ¿estudiaría alguien despierto?), etc, etc.

¿Y en el baile también hay algo de esto? Pues sí, amigos. De hecho, en nuestro mundillo proliferan como setas todo tipo de modernos y espabilados dispuestos a evitarles a otros modernos (menos espabilados, eso sí) el engorroso trámite de recibir clases de baile durante semanas o meses antes de poder lanzarse a la pista con un minimo conocimiento del rollo ese de mover los pies al son de la música. ¡La peña no quiere desperdiciar su valioso tiempo repitiendo movimientos una y otra vez, escuchando canciones y demás chorradas! ¿Su solución? Clases magistrales, cursos intensivos de un fin de semana y La Gran Idea: clases sueltas, de una hora como mucho, y a ser posible en un bar, el sitio ideal para afianzar los conocimientos con unas cervecillas o cubatas. ¡Así sí que se aprende, hostia! Y sin perder tiempo, a tope desde el pitido inicial.

Una de las cosas que más gracia me hace de estos —ejem— sistemas de aprendizaje, es que, además de ser modernos, desenfadados y conectar con la cultura actual de 'conseguirlo' todo a la de ya, pasan por ser más baratos que apuntarse a unas clases regulares o hacer un curso de varios meses. Está claro que la gente no sabe sumar ni con ayuda del smartphone. Pondré un ejemplo para que se me entienda, y siento tener que utilizar nuestras tarifas pero son las que conozco bien. Un precio habitual para una de esas clases informales de una hora en un bar son 5 euros, mientras que nosotros cobramos 28 al mes. ¡Qué ladrones somos! O no. Vamos a echar bien las cuentas: cobramos 28 euros al mes... por 4 clases semanales de 2 horas, o sea, 8 horas en total. Mmm, si la del bar cuesta 5 euros, 5 por 8 igual a ¡ostras, 40! Pues resulta que es más caro, qué cosas. Y todavía tienes que añadir el precio de lo que bebas, no olvides que estás en un bar. Qué tonto soy, ¡cómo ibas a olvidarlo!

Lo que difícilmente recordarás, no ya al día siguiente, sino a los 5 minutos de acabar la —ejem— clase, es nada de lo que —ejem, ejem— hayas aprendido en ella. Porque, hasta que no se invente la tecnología de 'Matrix', mucho me temo que lo de aprender algo, pero aprenderlo de verdad, para que sigas sabiendo hacerlo años después, requiere esfuerzo, dedicación y, se siente, tiempo. Es lo que hay. Y el resto, engañifa.

Así que, Trinity, si no te importa, tú tira en el helicóptero que yo voy caminando. No es que no me fíe, eh, simplemente hace un día estupendo para pasear. Y pésimo para estrellarse.
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ARTICULO PUBLICADO ORIGINALMENTE EL 29 DE SEPTIEMBRE DE 2018

COMENTARIO DE JOSE LUIS (08/10/18)
<Habiendo asistido tanto a clases normales como a master class, como bien expones, creo estar en posición de opinar sobre lo escrito: tienes razón en todo, y cuando la tienes, la tienes. He de decir no obstante que nadie que acude a una clase magistral de estas debe pretender entrar sin saber nada y salir siendo el rey de las pistas de baile. Más bien debe tomarselo uno como ir al cine, ver un espectáculo, o cosa similar. Al final, si esa clase magistral la imparte algún buen profesional, será un espectáculo y si no... no será más que una mala película. Personalmente, bailando, me salen sin pensar demasiado aquellos pasos que he repetido hasta la saciedad, pero recuerdo pocos, o casi ninguno, de los que visto en estas master class. Puede que yo sea muy cortito, o que algunos sean superdotados, claro está.>

COMENTARIO DE NANCY (30/09/18)
<Siempre hay algún superdotado que todo lo aprenden con facilidad, que tienen talento, aún así, nada como unas buenas clases de baile (como en este caso) dadas por un buen profesional, haciendo que sus clases sean divertidas y amenas... los resultados serán muy gratificantes.>

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