Nuestra segunda fiesta en el pub DLuxe
resultó un gran éxito, como la anterior. Aproximadamente
unas cien personas se dieron cita en el antiguo Lord Jim
para calentar los pies y el corazón —algo muy necesario con
el frío que hacía fuera— al ritmo de la mejor música
para bailar enpareja que se puede escuchar en Gijón.
¡Hey!, me ha salido un pareado. ¿O más bien
una parida? Bueno, a lo que íbamos. En las más de
cuatro horas que duró el evento pinchamos de todo,
como es nuestra sana costumbre: merengue, vals, chachachá, cumbia,
rock&roll, bolero, salsa, bachata, tango, pasodoble, fox trot —¡sí,
fox trot!—, swing, rumba, blues y hasta una ranchera. ¡A
ver quién da más!
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Como casi siempre, nos tocó a
Emma y a mí abrir oficialmente el baile. Mucho escaqueado
es lo que hay. En fin, ya estamos más que acostumbrados, aunque
no nos hace ninguna ilusión, que conste. Hay quien se
pirra por ser el centro de atención y 'marcar las diferencias'
(o eso creen ellos), pero nosotros montamos los eventos para que la
gente baile y se lo pase bien, no para lucirnos nosotros.
Total, si ya sabemos que somos guapos y bailamos de fábula.
¡Es bromita! El caso es que, tras los típicos titubeos
del arranque, todo el mundo se lanzó a la pista y ya no hubo
forma de sacarlos de ella, como debe ser. La verdad es que tuvimos suerte
con el número de asistentes, que fue perfecto para
las dimensiones del DLuxe. Ni pocos ni muchos: los justos para
crear un ambiente genial y que se pudiera bailar a gusto sin
agomeraciones.
Ya sabéis que el principal leitmotiv
de todos nuestros eventos no puede ser más sencillo: música
variada y de calidad, servida con una alternancia constante de
bailes —nunca pinchamos más de dos canciones seguidas
del mismo ritmo— y otros trucos que no desvelaremos aquí,
para no dar pistas a la competencia, jeje. Aparte de eso, también
introducimos diversos extras, con idea de cambiar de
vez en cuando el ritmo de la fiesta, sorprender a la gente y
reirnos un rato. En esta ocasión, por ejemplo, volvimos
a hacer el ai se eu te pego —súper divertido,
como siempre— y nos saltamos la habitual sevillana, porque
no había mucha gente que supiera, y para bailarla solo yo...
releer párrafo anterior.
Por lo demás, todo salió
perfecto y justificó de sobras el sobreesfuerzo que
supone para Emma y para mí hacer fiestas los viernes,
empalmándolas prácticamente con las clases que tenemos
antes. Muchas gracias a todos los asistentes por su contribución
al sano ambiente de baile que hubo toda la noche y en especial
a nuestra amable anfitriona Paloma, por cedernos el local para
la fiesta y el cursillo de los jueves.
Y aquí tenéis,
como colofón al reportaje, un vídeo-resumen de
todo lo que ocurrió en la fiesta, que fue mucho. ¡Nos
vemos!