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El pasado sábado 15 de junio celebramos nuestra tradicional cena baile fin de curso, en esta ocasión en el Hotel Villa de Gijón, donde ya hicimos otras dos, en 2009 y 2010, si no me falla la memoria, que sería lo más probable. ¡Y es que ya son unas cuantas! Mientras escribía esto intenté recordar el número de cenas—siquiera aproximado— que he organizado a lo largo de los lustros... Niet, imposeibol, NPI, son demasiadas. Tened en cuenta que llevo tropecientos años dando clases y al principio hacía una cena con cada grupo, o sea, ¡media docena por año! Sí, todavía sigo yendo a las reuniones de Glotones Anónimos. Buena gente, aunque siempre tienen hambre.

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Bueno, me enrollo mucho. A lo que íbamos. La cena tuvo lugar en un salón realmente amplio y elegante, fuimos 116 comensales —más otros diez o doce alumnos que se sumaron al baile posterior— y el menú estuvo delicioso y perfectamente servido. Por 30 míseros euros zampamos como en una boda de postín: ensalada de gambas en salsa de naranja, bombón de merluza, solomillo ibérico al vino tinto y tarta Saint Honoré. Agua, vinos, cafés y chupitos incluidos, por supuexto. El bombón merlucero y la tarta, brutales; y el resto no le andaba a la zaga. En fin, que nos pusimos como el quico, o como el jurado de Master Chef, que para el caso patatas, deconstruidas, claro. Los platos tenían tan buena pinta que hasta les sacamos fotos, por si alguien es como Lázaro y necesita ver para creer. ¿O era Moisés? ¿Tomás? ¿Noé? ¿Job? ¿Jenízaro? ¡Maldita sea, hay demasiados nombres y parábolas en la Biblia! No se puede esperar que nadie los recuerde todos. Y menos yo.

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Después del papeo vino el Momento Premio —sobre estas líneas—, con la entrega a los profes de unos bonitos obsequios por parte de algunos alumnos agradecidos... de librarse por fin de nosotros, supongo. Jaja, es bromita. En las fotos se puede ver que sé leer —con dificultades— y la típica cara de haba que pongo en estos casos, mientras Emma, que está acostumbrada a que le regalen cosas porque es más maja que las pesetas, se muestra mucho más natural y sonriente. Muchas gracias a todos, fue un detallazo.

A continuación atenuamos las luces de la zona acondicionada como pista de baile, pusimos en marcha la música y empezamos a bailar. ¡Todos al mogollón! Nosotros no somos como los invitados de una boda, que necesitan 'calentar' un poco antes de lanzarse a la pista: en cuanto suena la primera canción ya estamos todos bailando en pareja a ritmo de merengue, cumbia, pasodoble, salsa, bachata, vals, bolero, tango, chachachá, rock, blues, sevillanas o lo que sea, ¡que a eso vamos! En las imágenes se puede apreciar que el espacio para bailar era lo suficientemente amplio para que todo el mundo pudiera desenvolverse con comodidad, por mucha gente que hubiera en la pista a la vez. Como siempre, la animación y la alegría fueron las notas dominantes durante las más de tres horas que estuvimos moviendo los pies.

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Esta vez hay muchísimas fotos buenas. Si salís en alguna y queréis tenerla, utilizad el e-mail de la sección CONTACTO para pedírnosla. Como veis, los asistentes nos lo pasamos en grande y hubo tiempo para casi todo: los bailes masivos de los ritmos más populares, las típicas mamonadas que solemos hacer Emma y yo cuando creemos que nadie mira, nuestras recurrentes 'exhibiciones' de jive o salsa, alguna rueda cubana —dirigida por otros: yo no tengo garganta para imponerme a voces en sitios ruidosos—, la habitual sevillana de cada noche...

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Y sí, ¡también tuvimos el inevitable Ai se eu te pego de todas las fiestas! Alguna vez hemos pensado saltárnoslo, pero... ¿creéis que queremos ser linchados? La verdad es que nos partimos el culo de risa haciéndolo. Vale, es una gilipollez de coreografía, ¡pero es superdivertida! Después de eso, la fiesta decayó y todo el mundo se puso a llorar, claro. Es imposible superar el Momento Eu Te Pego. ¡No, hombre! Después seguimos bailando como locos y quemando la pista hasta que nos echaron, a eso de las tres de la madrugada.

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En fin, y eso es todo por este curso, amigos. Han sido nueve meses de baile culminados con este divertido evento final, pero ahora llega el merecido descanso estival para recargar pilas. En octubre volveremos a tope de energía. Como las despedidas con música son más llevaderas, os dejo un pequeño vídeo de merengue a modo de hasta luego. ¡Muchas gracias a todos por aguantarnos y feliz verano!

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